Haciendo gala de que sus controles funcionan a pesar de la generosa flexibilización de las normas vigentes para la importación de insumos veterinarios -entre muchos otros productos- el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) informó que detectó una carga de curabicheras que no contaba con la autorización sanitaria exigida para ingresar a la Argentina ni tampoco fue producida en el selecto grupo de países considerados “equivalentes” por las autoridades sanitarias, y por lo tanto exentos de tener que registrar aquí sus productos.

Durante un procedimiento de control de equipajes de rutina en el Centro Unificado de Frontera de Santo Tomé, “los agentes del Centro Regional Corrientes-Misiones del Senasa verificaron que los insumos farmacológicos veterinarios de uso restringido no disponían de la documentación técnica y sanitaria requerida por la normativa vigente, motivo por lo cual dispusieron su retiro preventivo y posterior desnaturalización, evitando su comercialización, circulación y aplicación en el territorio nacional”, informó una gacetilla.

Como muestran las fotos, el producto decomisado era el Cidental, una “matabichera para uso en bovino” que posiblemente haya sido elaborado en Bolivia, Ecuador, Perú o Paraguay, aunque éste último país sudamericano sí está incluido en la lista de excepciones del Senasa por ser parte del Mercosur.

El curabicheras, que “está indicado en bovinos para el tratamiento de heridas inclusive del ombligo de los terneros recién nacidos, además de como larvicida y repelente de moscas en general”, pertenece a la empresa Bimeda, que fue fundada en Irlanda en en 1960, pero que tiene su sede sudamericana en la ciudad de Bogotá, Colombia. Pero además la compañía tiene presencia en toda la región “sudaca”. En Argentina está asociada incluso con la firma Ruminal.

Ninguna carta de presentación fue suficiente para conmover al implacable Senasa, que justificó su intervención en las resoluciones 333/2025 y 525/2025, que promovidas por el ministro Federico Sturzenegger, son las que “reglamentan la autorización por equivalencia para el ingreso de productos veterinarios registrados en países con sistemas regulatorios reconocidos, lo que permite agilizar su evaluación sin comprometer los estándares sanitarios nacionales”.

Está claro que el país de origen de ese insumo no es reconocido. De hecho, recordó Senasa que “entre los países con reconocimiento de registro, se encuentran Estados Unidos, Japón, Reino de Suecia, Confederación Suiza, Israel, Canadá, Austria, Alemania, Francia, Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, Países Bajos, Bélgica, Dinamarca, España, Italia, Uruguay, Brasil y Paraguay. Si hubiera sido de ese último país, el Cidental quizás hubiera entrado sin tanto jaleo.

A los países sudamericanos que no figuran en la lista no les queda más remedio que tramitar en un engorroso registro del medicamente que quieren vender aquí. Para los del primer mundo, en cambio, “los productos deben contar con el registro aprobado ante la autoridad competente del país de origen, presentar la documentación técnica correspondiente y cumplir con los requisitos establecidos. De esta manera, la normativa agiliza el ingreso de insumos seguros y confiables, al tiempo que impide la circulación de productos que no cuentan con respaldo oficial”, se indicó.

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