En una de las zonas más agrícolas de la Argentina, donde la soja y el maíz dominan el paisaje productivo, una familia decidió seguir apostando por la ganadería. Los hermanos Lloret, con más de seis décadas de trayectoria, refundaron su proyecto genético y hoy manejan la cabaña.
De los 5 hermanos solo el último, Martín, fue varón. Sus cuatro hermanas mayores están metidas a fondo con él en el manejo de la cabaña y en diferentes roles protagónicos.
La historia de la empresa familiar se remonta lejos, a casi 70 años atrás. “En 1958 se funda la cabaña, cuando se anotan los primeros animales de pedigree. Los dueños eran mi abuelo Pedro Lloret y mi tío abuelo Manuel Lloret”, recordó Patricia Lloret, integrante de la familia y una de las responsables del proyecto actual.

Con el paso de los años la cabaña pasó a manos de la siguiente generación. “Con la muerte de mi abuelo la cabaña queda a nombre de mi padre y de uno de mis tíos, y hasta 2011 funcionó como Sucesión de Pedro y Hugo Lloret”, explicó Patricia. Ese año se produjo una división empresaria y allí comenzó una nueva etapa.
“En ese momento se hace una escisión de la empresa y nosotros refundamos el Angus de Lloret como cabaña La Conquista. Ese establecimiento, ubicado en la zona de Marco Juárez, es hoy el corazón del planteo genético de la familia”, indicó.
La particularidad del proyecto es su estructura familiar. La empresa está conducida por los cinco hermanos, aunque la figura materna sigue muy presente. “Mamá tiene 88 años y va a todos los Palermo y remates que pueda. Anota todo lo que pasa y está al tanto de todo”, relató Patricia.
Luego viene el rol de cada uno de los hermanos.
Patricia se encarga de diferentes cuestiones: “Yo los mando a todos”, dijo entre risas. Y aclaró: “Me encargo de la planificación de la ganadería, todo lo que es pedigree y puro controlado”.
Le sigue Graciela, que vive en Rosario y se dedica a la psicología, pero en un futuro cercano piensa que también se va a dedicar a la ganadería. La tercera hermana es Adriana, que vive en Marco Juárez y participa activamente en las actividades de la cabaña, sobre todo en la organización de los eventos. Claudia, por su parte, tiene un rol clave, ya que “es la encargada de todo lo que es la administración financiera”, explicó su hermana.
Y finalmente aparece Martín, el menor de los cinco hermanos, que está más cerca del manejo productivo. “Es el que más va al campo y el que más está en la producción y en la logística de la estrategia”, señaló Patricia.

Martín destacó que la empresa funciona gracias al compromiso de todos. “Primero porque en la familia nos criamos así. Todos están en la empresa por elección. No es que estamos todos obligados, no. Cada uno fue encontrando su lugar y nos complementamos”.
Como ocurre en muchas empresas familiares, admitió que no todo es sencillo. “Como toda empresa familiar tiene sus problemas, pero se sale adelante y sobre todo con la actividad de la cabaña, que es un rubro distinto, pero que tiene mucha pasión”, afirmó.
Lo llamativo es que el proyecto ganadero se sostiene en pleno corazón agrícola del país. “Vivimos en Marco Juárez, que hoy es prácticamente agricultura al 100%. Pero mi padre siempre decía que era ganadero”, recordó Patricia. Y agregó una anécdota que marcó a la familia: “Cuando yo era chica y le preguntaba cuál era su profesión, él me decía que era ganadero”.
Esa identidad fue la que llevó a la nueva generación a mantener el rumbo. “En pleno boom agrícola refundamos el Angus de Lloret”, resumió Patricia.
Incluso, según ella, en algunos casos los resultados económicos de la actividad ganadera pueden competir con los cultivos. “En un planteo de cría con genética de alto valor yo creo que estamos por arriba de la agricultura”, aseguró.
Martín coincidió en que la ganadería atraviesa un buen momento. “Está en lo máximo, incluso comparado con la región ganadera de Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina. Hoy puede competir con la agricultura”, analizó.
Además del Angus, hace unos 15 años la familia decidió incorporar otra raza para ampliar su oferta genética. “Sumamos Brangus porque en Córdoba se produce mucho para el norte. Es lo que se viene y uno siempre trata de estar en la punta del iceberg generando genética”, explicó Martín.
La idea es ofrecer reproductores adaptados a diferentes ambientes productivos. “Buscamos generar líneas de madres que produzcan bien tanto en el norte como en zonas más ganaderas”, detalló.
El objetivo final es claro: producir la genética que necesita la cadena de la carne. “Ofrecemos animales que puedan ser los padres de esos novillos que necesita tanto el mercado interno como la exportación”, señaló.
En ese camino, la familia apuesta a algo que consideran fundamental: la continuidad. “Hubo años muy buenos, años peores, pero siempre tratamos de mantener la población genética”, dijo Martín.
Esa constancia es parte de la identidad de la cabaña. “En La Conquista ofrecemos eso: continuidad. Años buenos o años malos, pero siempre se va a encontrar un reproductor con respaldo”, concluyó.
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