Durante el 2025, según datos de la Dirección Nacional de Lechería, la producción argentina alcanzó los 11.618 millones de litros, el volumen más alto de la última década y el segundo registro histórico del sector. Aquel crecimiento, que a nivel interanual fue del 9,7% respecto al 2024, volvió a poner en discusión la forma de sostener ese aumento con eficacia, precisión y previsibilidad en el tiempo.
De acuerdo con la Cámara Argentina de la Industria de Productos Veterinarios (Caprove), la falta de planes sanitarios adecuados genera pérdidas millonarias en la producción bovina nacional. La no implementación de estrategias sanitarias preventivas, graficó, puede significar costos superiores a los 18.000 millones de pesos anuales, considerando allí mermas productivas, menor eficiencia reproductiva y gastos asociados a enfermedades evitables.
Teniendo en cuenta que las pérdidas en este rubro no siempre se originan con en un evento visible, sino que comienzan con pequeñas variaciones en la rumia o en la actividad del animal, el uso de herramientas de monitoreo –en línea con la mencionada estrategia de prevención- se vuelve clave.
“Conocer con precisión el estado de cada animal es fundamental para mantener la sanidad y la productividad del rodeo. En los tambos actuales, la observación visual no siempre permite detectar a tiempo un desvío sanitario o reproductivo”, explicó Gabriel Calderón, médico veterinario y gerente de Producto de Soluciones Tecnológicas para Ganadería de MSD Salud Animal en Argentina.
“Los sistemas de monitoreo generan información continua sobre rumia, actividad y comportamiento, lo que posibilita identificar eventos clave o problemas emergentes con mayor anticipación. Contar con datos procesados en tiempo real y disponibles las 24 horas facilita decisiones más rápidas y con mayor respaldo técnico, protegiendo el bienestar del animal y su desempeño productivo”, señaló a continuación.
Ente los usos prácticos de las nuevas tecnologías de monitoreo, Calderón mencionó la detección de los celos con mayor precisión, algo importante para registrar cambios en actividad y comportamiento previo a la inseminación, lo que puede mejorar la tasa de preñez; la anticipación a enfermedades; la optimización de la rutina de ordeñe y manejo diario; así como la toma de decisiones basadas en datos objetivos.
Todo esto no solo fortalecer el bienestar animal y la sostenibilidad -al intervenir de manera temprana se reducen tratamientos tardíos, descartes innecesarios y pérdidas productivas-, sino que también mejora la trazabilidad y la seguridad alimentaria, en línea con las demandas actuales de los consumidores.
En esta línea, Calderón aclaró que estas herramientas no buscan diagnosticar, tratar o curar enfermedades, sino asistir al veterinario que será finalmente quien trate, cure o prevenga.
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