La producción y el consumo de carne de cerdos vienen creciendo de forma sostenida desde hace dos décadas. De los escasos cinco kilos por personas que se consumían al inicio del siglo llegamos a los 20 kilos actuales, y esto con cambios en la composición, ya que la demanda de cortes frescos desplazó a la de embutidos.
Esto fue acompañado por inversiones en las granjas y en la industria frigorífica. Es el caso de la empresa La Piara, ubicada en Estación Camps, cerca de Paraná, Entre Ríos.
Los hermanos Irina y Miguel Hergert, de poco más de 40 años, conducen una empresa que se dedicó a la producción y comercialización de carne porcina y que recientemente inauguró bocas de expendio para llegar al consumidor con su marca: Granalier.

La empresa procesa 65.000 capones al año y produce 7.000 toneladas entre carne y productos elaborados.
“El año pasado cumplimos 20 años desde que se constituyó la sociedad. La inició mi papá con unos amigos cuando invirtieron en una granja”. Luego decidieron mutar la matriz del negocio y dejar de lado la producción de cerdos para enfocarse en la faena y comercio de carne.
Eso fue posible gracias a la integración con familiares que se dedicaban al rubro. “El suegro de mi hermano elaboraba embutidos, nos asociamos con ellos y ahí arrancó la industria”, explicó.

Desde entonces el negocio fue creciendo y cambiando de escala. Hoy la empresa se especializa en el desposte y elaboración de productos, es decir, es un ciclo 2, no faena allí sino en plantas de terceros.
Aproximadamente el 65% de la producción se comercializa como carne fresca, mientras que el resto se destina a elaborados. En esa línea la empresa produce jamón cocido, fiambres de cerdo, mortadela, salames, bondiola artesanal, además de embutidos frescos como chorizos y morcillas.
En paralelo, el negocio fue incorporando nuevos eslabones de la cadena. El año pasado la firma dio un paso clave al abrir carnicerías propias en la ciudad de Paraná, orientadas exclusivamente a la venta de carne porcina.

“Era un eslabón que nos faltaba. Queríamos llegar directo al consumidor, queríamos que nuestra carne llegue con marca propia a la gente”, explicó la empresaria.
Según contó, el contacto directo con el público también les permite entender mejor cómo evoluciona el consumo.
“Cuando tenemos nuestros propios locales la gente sabe que es nuestra carne y es lo que nosotros vendemos. Y además nos permite conocer de primera mano qué es lo que está necesitando el consumidor”, señaló.
La empresa vende además a industrias y supermercados, con fuerte presencia en Entre Ríos y Santa Fe, mientras que Misiones aparece como uno de los mercados más importantes fuera de la región. También están desarrollando ventas en Formosa y otras provincias del norte.

Detrás de ese esquema está una conducción familiar que combina experiencia y renovación generacional. Irina, contadora de 45 años, se ocupa de la parte administrativa, mientras que su hermano —dos años menor— está al frente de la producción y la comercialización. El padre, fundador del proyecto, sigue todo de cerca, aunque ya no participa del día a día.
A pesar de los vaivenes del negocio, en la empresa siguen viendo un enorme potencial en la carne porcina.
“Siempre le tuvimos fe al cerdo, porque es la carne más consumida en el mundo. Acá en Argentina estamos acostumbrados a la carne vacuna, pero en el resto del mundo no es así”, afirmó Hergert.
En las últimas dos décadas, ese cambio empezó a reflejarse también en el mercado local. “Hace 20 años se comían 5 kilos de cerdo por persona al año y hoy estamos en alrededor de 20 kilos. Nosotros pudimos acompañar ese crecimiento”, señaló.

Para la empresaria todavía hay margen para que el consumo siga aumentando, sobre todo en un contexto donde el precio de la carne vacuna sube y empuja a los consumidores a buscar alternativas.
“Creemos que al cerdo todavía le falta mucho por crecer. Tiene muchas virtudes como carne”, sostuvo. Entre esas ventajas menciona la regularidad del producto, el rendimiento y sus características nutricionales.
Con esa convicción, en Granalier apuestan a seguir expandiendo la empresa paso a paso, sumando eslabones a la cadena y consolidando su presencia en el mercado.
“Siempre tratamos de ir integrándonos cada vez más en toda la cadena”, resumió Hergert. Y todo indica que, para esta familia entrerriana, el negocio del cerdo todavía tiene mucho camino por recorrer.
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