El precio de la leche cruda volvió a mostrar en febrero la misma postal que el sector arrastra desde hace más de un año: subas nominales mínimas y un fuerte deterioro en términos reales. Según explicó Jorge Giraudo, del OCLA (Observatorio de la Cadena Láctea Argentina), el valor promedio se ubicó en 481 pesos por litro, apenas 0,6% por encima del mes anterior y con un incremento interanual de 7,5%, muy por debajo de la inflación.

“El precio fue de 481 pesos, un precio que sube muy poquito, casi nada”, definió Giraudo. Y remarcó el problema de fondo: “Hace más de un año que venimos con ajustes por detrás de la inflación, con lo cual se pierde poder adquisitivo en moneda constante”.

En dólares, el valor ronda los 34 centavos gracias al retraso cambiario, con una leve mejora reciente que no responde a una suba genuina. “Ha tenido un rebote no por mejora del precio en pesos, sino por una caída del dólar mayorista que se usa para medirlo”, explicó Giraudo.

Ese atraso ya impacta de lleno en la rentabilidad. “Venimos hace varios meses con rentabilidad negativa promedio, bastante negativa en los tambos chicos, levemente negativa en los medianos y algo positiva en los grandes”, detalló. Pero advirtió que la situación se está generalizando: “Yo ya creo que en este mes en particular van a estar todos por debajo del eje de las X”.

El deterioro de la relación insumo-producto es clave para entender ese resultado. “Si hace un año y pico comprábamos 2,7 kilos de maíz y hoy estamos en 7 u 8, se ha deteriorado muchísimo”, señaló. Aunque el precio de la carne ayudó parcialmente, no alcanza: “Los recuperos por carne compensaron un poco el ingreso, pero no alcanza”.

En este contexto, empiezan a aparecer problemas financieros en los tambos. “Hay situaciones de endeudamiento complicadas, producto de la necesidad de comprar comida fuera del establecimiento”, indicó. Y ese estrés se traduce en una tendencia que ya se acelera: el cierre de tambos.

 

Balance lechero aguafiestas: Donde algunos ven un “boom”, nosotros solo notamos una actividad estancada que rebotó un poquito y sigue consumiendo sus propios tambos

“Venimos con una tasa de caída de tambos del 2,4% anual, pero en estos dos meses de 2026 ya estamos en 2,8%, con lo cual se ha acelerado”, explicó. Pero lo más importante es que el fenómeno no se detendría. “Es algo que va a seguir, incluso se va a acelerar”. Y describió hacia dónde va el modelo: “Vamos a tener la misma o mayor cantidad de leche en muchas menos unidades productivas, con tambos de más de mil vacas, automatizados y con altísimos niveles de producción individual”.

Para Giraudo, se trata de un proceso global: “No es un fenómeno argentino, es mundial. Estados Unidos tiene 5% de deserción anual de tambos y sigue creciendo en producción”.

Mientras tanto, el consumo interno no logra traccionar. “El ingreso de la gente no cayó totalmente, pero se lo están llevando otros gastos como educación, transporte, energía o salud”, explicó. Eso impacta directo en la demanda: “Le quitan porciones a lo que se destinaba a alimentos y sobre todo a lácteos”.

Del lado de la industria, el panorama es de sobreoferta y fuerte competencia. “Hay una terrible sobreoferta, las industrias tienen que hacer promociones, ofertas y dilatar plazos de cobro para poder colocar el producto”, describió. Y agregó que “las pymes, con productos más commodity y sin marca, tienen más dificultades”.

El frente externo tampoco ofrece demasiado alivio. “Hoy el precio de referencia es 3.800 dólares la tonelada de leche en polvo, que te da un poder de compra de 485 o 490 pesos, prácticamente el precio actual”, explicó.

“En lechería la pregunta no es a qué precio voy a vender sino a qué costo voy a producir”, afirma el especialista Francisco Candiotti

Aun así, Giraudo ve una posible mejora en el corto plazo. “Esperamos algún repunte por la vía de la menor oferta, porque vamos al pico estacional de mínima producción”, señaló. Y sumó otro factor: “También porque se han recompuesto un poco los precios internacionales, ya que la producción mundial empieza a ralentizarse en 2026”.

Sobre la producción local, el panorama es incierto. “La proyección era crecer un 3%, con un arranque fuerte y luego desacelerar”, indicó. Pero advirtió: “Todos estos fenómenos de salida de unidades y precios que no cierran van a resultar en una caída”.

Finalmente, dejó en claro la complejidad del momento para los productores: “Cada uno de los 8.800 tambos es un caso distinto y tiene que manejarse con su cintura”. En ese contexto, resumió el desafío: “Es un escenario complejo y esperamos que dure poco”.

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