En el centro-oeste de La Pampa, a unos 100 kilómetros en línea recta al noroeste de Santa Rosa y cerca de la pequeña localidad de Luan Toro, el productor Gabriel Justo llevaba adelante un planteo ganadero basado en la cría de Braford y el manejo regenerativo del pastizal natural.

La experiencia se desarrolla en el establecimiento La Florida, ubicado en pleno caldenal pampeano, una región de clima duro donde las lluvias promedian entre 500 y 550 milímetros anuales y donde los extremos térmicos son frecuentes: veranos con temperaturas cercanas a los 40 grados y picos de 44, e inviernos con heladas que pueden llegar a 16 o 17 grados bajo cero.

En ese contexto, Justo había logrado sostener resultados productivos destacados. En el último control reproductivo realizado el 26 de febrero, el rodeo alcanzó un 94% de preñez, aun después de una primavera mediocre y un verano seco.

El establecimiento tiene unas 2.400 hectáreas, de las cuales alrededor de 2.200 correspondían a monte natural. Allí la base del sistema es claramente pastoril: cerca del 90% del alimento provenía de pasturas naturales. Durante algunos años habían probado incorporar megatérmicas, cultivos estivales e incluso verdeos de invierno, pero los resultados habían sido muy erráticos por la variabilidad climática, por lo que finalmente decidieron concentrarse en el manejo del recurso natural.

“La ganadería regenerativa se basa en el cuidado de las pasturas naturales. Hicimos pruebas con otras especies, pero nos volcamos al manejo intensivo y racional de las que dominan en la zona”, explicó Justo, titular del establecimiento productivo y de la cabaña Braford La Florida.

Entre las principales especies del campo se encontraban distintas flechillas, pastos de ciclo invernal que constituyen la base forrajera del sistema. Incluso algunas pajas consideradas indeseables en otros planteos tenían valor en determinados momentos. “Las pajas, en su primer rebrote, también tienen un valor forrajero importante”, señaló Gabriel.

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Para sostener ese esquema, el campo fue dividido en 43 parcelas, con superficies que van desde 10 hasta 120 hectáreas, aunque el promedio ronda las 50. Allí aplicaban un sistema de pastoreo rotativo con ocupaciones de alta carga durante períodos cortos y descansos prolongados del pastizal. “Hacemos ocupaciones de altas cargas por períodos cortos y luego dejamos descansar el potrero no menos de seis meses”, explicó.

Otro componente clave del sistema fue la inversión en infraestructura de agua. En muchas explotaciones de la zona las vacas deben caminar entre tres y cinco kilómetros para llegar a una aguada, lo que implica un gasto energético importante. Para evitarlo, en La Florida instalaron entre 15 y 18 kilómetros de acueductos que permitieron acercar el agua a los potreros. De esa manera, la distancia promedio que recorría la hacienda se redujo a cerca de un kilómetro.

Ese manejo permitió mejorar la eficiencia del sistema sin depender de grandes niveles de suplementación. De hecho, la suplementación proteica solo se utilizaba de manera estratégica en años especialmente difíciles.

El establecimiento funcionaba principalmente como campo de cría Braford, con una carga aproximada de 0,20 equivalente vaca por hectárea, considerada moderada para la zona. Sin embargo, el objetivo central del sistema era sostener altos niveles reproductivos. según explicó Justo, el planteo buscaba mantener al menos 90% de preñez todos los años.

Para lograrlo, el manejo del servicio era flexible y se ajustaba a las condiciones climáticas y forrajeras de cada campaña. Cuando el estado del campo lo permitía, el servicio se adelantaba para comenzar a principios de septiembre, buscando pariciones invernales. Si las condiciones se complicaban, recurrían a destetes precoces o hiper-precoces para cuidar el estado corporal de la vaca. “Jugamos con los kilos de destete, pero no resignamos preñez”, explicó.

Ese manejo permitía sostener porcentajes de procreo de entre 92 y 94%, lo que se traducía en niveles de ternero logrado al destete de entre 86 y 88%. En algunos casos los terneros podían destetarse con pesos cercanos a los 90 kilos, pero luego continuaban un proceso de recría pastoril antes de pasar a un corral de terminación a autoconsumo.

La elección de la raza también resultaba clave para el sistema. Según Justo, la rusticidad de las razas sintéticas y su capacidad para aprovechar pastos más lignificados resultaban fundamentales en ambientes como el caldenal pampeano.

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Aunque muchas veces se asocia a esta raza con el norte argentino, el productor señaló que la raza se viene expandiendo hacia zonas más australes desde hace tiempo. En La Florida, además del rodeo comercial, también comenzaron a desarrollar una cabaña Braford cuyos primeros animales ya estaban entrando en etapa de evaluación dentro de la Asociación Braford Argentina.

Una particularidad del proyecto era que los reproductores se criaban bajo las mismas condiciones que el rodeo general, sin suplementaciones especiales. “Nuestros clientes valoran que el ternero nacido acá funcione en sus campos con la misma rusticidad”, explicó.

La experiencia despertó además el interés de organizaciones vinculadas a la conservación de los pastizales naturales, como Wildlife Conservation Society, que se acercó al establecimiento para analizar la posibilidad de replicar el modelo.

El sistema será mostrado próximamente en una jornada a campo que se realizará en el establecimiento, donde productores y técnicos podrán recorrer los potreros y observar el manejo regenerativo del pastizal. Mientras tanto, Justo consideró que la ganadería de cría atraviesa un momento favorable. “Creo que estamos viviendo una realidad muy auspiciosa para la actividad y que puede durar varios años. Los terneros que gestamos hoy serán novillos dentro de tres años, por eso siempre hay que pensar a largo plazo”, concluyó.

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