Un grupo de productores de la Patagonia argentina y del sur de Chile viene trabajando desde hace más de dos años en una iniciativa que podría convertirse en un acuerdo comercial y sanitario inédito para la región. El esquema en discusión incluye intercambio de carne bovina y ovina, genética, animales en pie, forrajes, hotelería, faena del lado chileno y provisión de maquinaria e insumos adaptados a la topografía patagónica.

La Expo Rural de Bariloche de este fin de semana será el ámbito donde se terminarán de ajustar aspectos técnicos y comerciales para dejar armado un documento que luego será elevado a las autoridades nacionales de ambos países.

El proyecto se apoya en una complementariedad productiva concreta entre ambos lados de la cordillera. Desde Bariloche y la región andina se busca acceder a forrajes, concentrados y esquemas de hotelería a distancias mucho menores que las actuales, además de la posibilidad de faenar ovinos en Chile, donde existen frigoríficos más cercanos. Desde el lado argentino, en tanto, se ofrece carne bovina de calidad, genética, animales en pie y volumen productivo, además de una integración logística que permitiría reducir costos y tiempos.

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Según explicó a Bichos de Campo Guillermo García, de la Sociedad Rural de Bariloche, la iniciativa no nació en el Estado sino entre productores. “Esto empezó entre productores, básicamente. Entre productores de Chile y de la Rural de Bariloche, avalados por la Sociedad Agrícola de Osorno (SAGO)”, relató. A partir de esas charlas iniciales se fueron sumando equipos técnicos del INTA y del INIA chileno para darle respaldo sanitario, estadístico y productivo al borrador.

De esas primeras conversaciones surgió una idea simple pero potente, que es la de identificar problemas concretos de ambos lados y construir soluciones productivas antes de llevar el planteo a la esfera política.

La falta de forraje, las largas distancias hasta los frigoríficos, los costos logísticos, las restricciones invernales y la escasez de alternativas comerciales para pequeños productores fueron algunos de los puntos que ordenaron la agenda.

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Uno de los pilares técnicos del proyecto es el estatus sanitario compartido entre la Patagonia argentina y el sur de Chile. Ambos territorios operan bajo esquemas sanitarios similares, lo que habilita, con los acuerdos adecuados, el movimiento de animales, carne y genética. “Nosotros, como Patagonia, tenemos el mismo estatus sanitario que Chile. La armonización de esos estándares es clave para que esto funcione”, explicó García.

La ventaja logística es central. Hoy, para un productor de Bariloche, traer forraje desde La Pampa o el Valle de Río Negro, implica recorridos de más de mil kilómetros. Desde Osorno, en cambio, la distancia se reduce a unos 200 kilómetros. “Tener una producción forrajera similar, pero a 200 kilómetros, nos baja los costos productivos de manera sustancial”, afirmó.

La propuesta también apunta a resolver uno de los cuellos de botella históricos de la región, que es la faena ovina. En la actualidad, el frigorífico más cercano que faena ovejas está a más de mil kilómetros. En Chile, la alternativa está a unos 300 kilómetros. “Pensábamos enviar oveja vieja, recriar o engordar allá, faenar allá y traer el producto ya faenado. Hoy tenemos mil kilómetros hasta el frigorífico más cercano. Eso es directamente inviable para muchos productores”, detalló.

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Además, esta idea va en línea con algo que los patagónicos vienen pregonando hace rato, que es la de fomentar el consumo de carne ovina en el mercado interno. Para eso, las plantas frigoríficas de Chile ofrecen cortes distintos a los locales, lo que supone un mayor interés a la hora de consumir carne de cordero. Al otro lado de la Cordillera se ofrecen cortes más pequeños, a diferencia de lo que ocurre acá, donde lo más extendido es la media res ovina, o partes muy grandes.

En bovinos, el esquema también contempla exportar carne y animales en pie hacia Chile. La Patagonia ofrece un producto diferenciado por calidad, que podría encontrar demanda en un mercado con hábitos de consumo distintos, pero con interés por cortes y presentaciones específicas. “Nos cierra por todos lados, sobre todo por la calidad de carne que nosotros manejamos”, sostuvo García.

Según explicó el productor, en Chile se producen animales más pesados, y la carne nacional es muy buscada por provenir de hacienda más liviana, lo que mejoraría el trato comercial con el país vecino.

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El intercambio no se limita a carne y animales. También se discute el acceso a maquinaria e insumos provenientes de Chile, especialmente equipos más chicos y compactos, adaptados a topografías quebradas, que muchas veces se ajustan mejor a las condiciones de la Patagonia que la maquinaria pensada para la llanura pampeana. “Chile tiene todo más chico, más compacto, más trabajable para la zona nuestra. No es por calidad, es por implementación”, explicó.

Después de más de dos años de trabajo, el proyecto entró en una etapa clave. El objetivo ahora es cerrar un documento técnico y comercial que deje definidos los productos, los flujos, los requisitos sanitarios y el esquema de implementación. “Es ofrecerle la solución al alcance de la mano a los que definen estas cuestiones”, resumió García.

En ese sentido, la Expo Rural de Bariloche de este fin de semana aparece como un hito operativo. Allí se espera avanzar en la validación técnica, en la interpretación fina de las necesidades del lado chileno y en el ajuste final del borrador. “La idea con esta expo es mostrar parte de lo que es esa producción que nosotros estamos tratando de ofrecerle a los chilenos”, explicó.

Más allá del impacto macro, desde la Sociedad Rural de Bariloche insisten en que el corazón del proyecto está en los pequeños y medianos productores. En una provincia donde los costos son altos y las alternativas comerciales son escasas, la integración con Chile aparece como una herramienta estructural.

“Nuestro norte es fomentar la producción a nivel local y ayudar al productor chico y mediano a tener una alternativa de salida. El productor chico representa el 80% de los productores de la provincia”, afirmó García. “Estamos trabajando para el 80%. El paisano que tiene 300 ovejas muchas veces no puede comercializar porque no cumple con los volúmenes. Esto puede darle una salida real”.

Si este esquema logra traducirse en un acuerdo formal entre ambos países, sería uno de los procesos de integración productiva más relevantes que haya impulsado la Patagonia en décadas. No solo por el volumen potencial, sino porque el camino se construyó desde el territorio, con productores identificando problemas concretos y diseñando soluciones que ahora buscan escalar a nivel nacional.

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