Alfredo Tronfini, coordinador de lechería de Carsfe y productor tambero de la zona de Esperanza, Santa Fe, viene desarrollando una experiencia productiva que desafía varios esquemas tradicionales dentro del sector.
Al frente de tres tambos ubicados en un radio de unos 50 kilómetros construyó un sistema pastoril basado en cruzamientos raciales que le permitió mejorar la adaptación al ambiente, estabilizar los niveles productivos y generar además un ingreso adicional a partir de la carne.
Tronfini trabaja en un planteo que realiza mayormente sobre campos alquilados -alrededor del 80%- y con una lógica de simplificación productiva. Maneja actualmente unos 1.500 animales y explica que el eje central de su sistema está en la genética: “Yo no busco una raza, busco un animal que se adapte a mi ambiente, que es muy complicado, con suelos salinos y condiciones difíciles”, contó en conversación con Bichos de Campo.

El productor venía de un histórico cruzamiento entre Jersey y Holando, pero hace unos cinco años dio un paso más y decidió incorporar genética Girolando, inspirándose en modelos brasileños.
“Fuimos a Minas Gerais, vimos lo que estaban haciendo y nos trajimos esa idea. Empezamos a cruzar nuestra base Jersey con Girolando y los resultados fueron muy buenos”, recordó. El Girolando es una cruza entre Holando y la raza Gir, de origen índico, que aporta rusticidad, resistencia al calor y eficiencia metabólica.
“El Gir te da rusticidad, el Holando la capacidad de litros y la Jersey los sólidos. Con esa combinación logramos salir de los pisos bajos que teníamos con la Jersey pura, que por momentos producían apenas 9 litros”, detalló en este sentido.
Sus vacas producen entre 17 y 25 litros diarios cada una según el momento del año, con alto porcentaje de sólidos y una mayor estabilidad productiva. El sistema se basa en un esquema de “criss cross” que implica el cruzamiento entre tres razas o más, alternando genética Girolando (que incluye la genética de dos razas, Gir y Holando) y Holstein neozelandés o irlandés, y Jersey, siempre orientado a sistemas pastoriles.
“Hay productores que le tenían miedo a las orejas del Girolando, pero ellas ayudan incluso contra las moscas. Además se reducen problemas sanitarios como la queratoconjuntivitis”, señaló.
El crecimiento del rodeo refleja el impacto del cambio genético: partiendo de unos 700 animales, en cinco años llegó a 1.500 sin necesidad de comprar reposición externa. “Soy superavitario en vaquillonas. Para mí el negocio es la reproducción: los animales son vientres, no litros de leche”, explicó.
El sistema productivo es pastoril en todas las etapas. Los terneros pasan unos 60 días en guachera colectiva, con banco de calostro y manejo sanitario intensivo, para ingresar luego progresivamente al pastoreo. Las vaquillonas se inseminan alrededor de los 13 meses, con buenos índices de preñez.
En infraestructura, Tronfini mantiene un esquema austero: no hay robotización ni estabulación. “No tengo galpones. Trabajo con sombra natural de árboles y medias sombras móviles. Busco un esquema rústico, simple y eficiente”, señaló.
El ordeñe incluye la suplementación con balanceado, mientras que el resto del ciclo combina pasturas, rollos y, cuando hay disponibilidad, silo de maíz.
Una particularidad del planteo es el aprovechamiento integral del macho proveniente del tambo. Los animales cruzados muestran buena aptitud carnicera, con rendimientos al gancho entre 58 y 60%. “Estoy vendiendo novillos para consumo interno con unos 380 kilos promedio y los compradores están sorprendidos con la carne”, afirmó.
Para él, esta diversificación significa sumar “un mes más de facturación”, equivalente a generar un ingreso extra similar a un mes adicional de producción lechera.
Más allá de su experiencia productiva, Tronfini también pone el foco en el contexto general de la actividad desde su rol en Carsfe. Advierte que la presión tributaria es uno de los principales problemas que tiene la lechería: “Entre impuestos nacionales, provinciales y municipales podemos llegar a niveles cercanos al 42% sobre las ventas. Así es muy difícil producir con rentabilidad”.

Según describió, la carga fiscal excesiva fomenta la informalidad y complica la continuidad de muchos establecimientos. “En mi zona, en los últimos dos meses cerraron tres tambos. El mensaje parece ser que sólo van a sobrevivir los más grandes, pero nosotros tenemos espacio y alternativas para producir”, indicó.
Entre los reclamos del sector menciona la necesidad de reducir impuestos, mejorar el acceso al financiamiento con plazos acordes al ciclo productivo y flexibilizar las garantías para créditos.
“Si quiero aumentar producción o mejorar genética tengo que pagar todo por adelantado, y sin financiamiento adecuado se vuelve imposible crecer. No pedimos subsidios, pedimos libertad para trabajar”, concluyó.
La entrada ¿Por qué las vacas lecheras de Alfredo Tronfini tienen orejas más largas? Porque surgen del cruzamiento de 3 razas, gracias a las que logró mayor producción aún en campos difíciles se publicó primero en Bichos de Campo.



