En Latinoamérica los datos de vigilancia de micotoxinas en alimentos para bovinos son limitados, a pesar de la variabilidad climática regional favorable al desarrollo fúngico y de la alta dependencia de dietas basadas en cereales.

En este marco, el laboratorio Vetanco llevó adelante por décimo año consecutivo un relevamiento con el objetivo de determinar la prevalencia y los rangos de concentración de las principales micotoxinas en ingredientes para alimentación animal, recolectados en diez países de la región.

El estudio

Se analizaron un total de 32.301 muestras de ingredientes y alimentos terminados entre enero y diciembre de 2025 como parte de un programa regional de monitoreo. La distribución de muestras por país fue la siguiente: Brasil (37%), Colombia (12%), Perú (11%), México (8%), Bolivia (8%), Chile (7%), Ecuador (6%), Argentina (4%), Uruguay (4%) y Costa Rica (2%).

Las muestras incluyeron maíz, trigo, soja, sorgo, materias primas y alimentos balanceados recolectados en molinos y establecimientos productivos, que fueron analizados según estándares internacionales

Las micotoxinas evaluadas fueron fumonisinas (FUM), aflatoxinas (AFLA), deoxinivalenol (DON), toxina T-2, zearalenona (ZEA) y ocratoxina A (OCRA).

En cuanto a los resultados, el 85% de las muestras resultaron positivas para al menos una micotoxina y el 66% presentó co-contaminación, o sea, presencia de dos o más micotoxinas en la misma muestra.

Fuente: Vetanco.

Fuente: Vetanco.

A nivel latinoamericano, las fumonisinas fueron las toxinas más prevalente o predominante (61%), seguidas por aflatoxinas (46%), zearalenona (34%) y deoxinivalenol (31%).

El maíz se identificó como la matriz de mayor riesgo, con una prevalencia de fumonisinas del 77% y una concentración promedio cercana a 2.090 ppb.

El predominio de toxinas asociadas a Fusarium y la elevada frecuencia de exposición múltiple fueron consistentes entre países y matrices.

¿Qué implican estos resultados para bovinos?

Aunque los rumiantes poseen cierta capacidad de detoxificación ruminal, los datos de este relevamiento obligan a revisar algunos supuestos clásicos.

“El 85% de positividad y el 66% de presencia de dos por muestra, indican que la exposición simultánea a múltiples de estos compuestos es la norma y no la excepción. Esto es particularmente relevante en sistemas de engorde a corral y tambos donde las dietas contienen altas proporciones de maíz, cereal que en este estudio mostró la mayor prevalencia”, afirma el Ing. Agr. Pedro SueldoCoordinador científico de rumiantes de Vetanco.

El verdadero problema es que, en condiciones reales, los animales no consumen una única micotoxina aislada.

La combinación frecuente de fumonisinas, DON y zearalenona implica:

Efectos aditivos o sinérgicos, mayor impacto inmunosupresor; alteraciones en integridad intestinal, disminución del consumo voluntario y mayor susceptibilidad a enfermedades.

En bovinos de alta producción, como el engorde a corral, incluso concentraciones “moderadas” pueden traducirse en pérdidas subclínicas.

El predominio de fumonisinas (>1.800 ppb promedio general) es especialmente relevante en dietas maíz-dependientes y puede alterar el metabolismo hepático, comprometer la respuesta inmune y reducir la eficiencia alimenticia.

A su vez, con una prevalencia del 34%, la zearalenona plantea un riesgo potencial en sistemas de cría, pudiendo generar alteraciones reproductivas, afectar la tasa de preñez e interferir en protocolos reproductivos. El riesgo aumenta en vaquillonas y animales jóvenes.

Este relevamiento confirma que en Latinoamérica la contaminación por micotoxinas es estructural y no episódica.

Mas allá del clima

Este año, el clima fue benevolente, no hubo sequía en la mayoría de las zonas del país, por lo que se estima que ciertas micotoxinas tendrían una concentración menor a la que genera daños, dado que el hongo no estuvo suficientemente estresado como para generarlas. “Pero lo que estamos viendo es que el hongo capaz de producirlas sigue estando”, alertó Sueldo.

En ese sentido, el INTA Balcarce y Vetanco analizaron 85 establecimientos lecheros y hallaron que 45% de las muestras, independientemente de su contenido en micotoxinas, están contaminadas con hongos potenciales productores de las mismas. Es más, muchas veces, no está la micotoxina, pero si el hongo micotoxigénico.

“Este estudio permite inferir que en la producción de carne sucede lo mismo. Y aunque no se detecten micotoxinas, si el hongo está presente, ante cualquier variación del clima o problema de almacenamiento, van a aparecer, acarreando problemas”, advirtió.

En ese sentido, aun cuando los planes sanitarios se aplican correctamente y se respetan los protocolos de vacunación, siguen registrándose  enfermedades infecciosas. “En muchos casos, la explicación puede estar en la presencia de micotoxinas, que deprimen el sistema inmunológico y aumentan la susceptibilidad de los animales”, señaló.

¿Qué hacer ante esta problemática? “Hay que considerar que las micotoxinas siempre están en la dieta, aunque sea en concentraciones por debajo de las problemáticas. Los resultados de estos estudios obligan a un monitoreo continuo en los sistemas intensivos, con análisis de laboratorio y evaluaciones de riesgo, para diseñar estrategias integrales de mitigación dentro del manejo nutricional habitual”, finalizó Sueldo.

Un relevamiento realizado en diez países de Latinoamérica halló que el 85% de las muestras de alimentos contenía al menos uno de esos tóxicos, siendo el maíz el más riesgoso. Además, otro estudio llevado adelante en la Argentina reveló que el 45% contiene a su vez el hongo capaz de producirlos. Qué hacer. Leer más