“Acá no se salva uno solo; nos salvamos todos juntos”, lanzó José María Roca, directivo del frigorífico Logros, al analizar el momento que atraviesa la ganadería argentina, con un mercado interno que sigue firme, exportaciones que generan interrogantes y una producción que, según advirtió, muestra señales de alerta tanto a nivel local como global.
Roca aseguró que el escenario productivo no es sencillo. “Veo lo mismo que está pasando en el resto del mundo: los rodeos se vienen achicando y eso es un tema serio”, afirmó, y puso el foco en la alta faena de hembras como un indicador preocupante. A su entender, si no se revierte esa tendencia y no se trabaja para aumentar el stock, el negocio enfrentará tensiones crecientes por menor oferta de hacienda.

En ese contexto, destacó el peso decisivo del consumo doméstico. “La bandera más grande la pongo en el mercado interno. Seguimos teniendo un mercado fuertísimo que convalida precios y busca proteína roja”, sostuvo en una reciente entrevista que concedió al newsletter mensual de Fifra.
Para el directivo de Logros, “el consumo argentino continúa siendo el gran sostén de la actividad frigorífica y el que permite amortiguar los vaivenes externos”.
Cabe destacar que en enero cayó otro 10% la producción de carne, pero como las exportaciones crecieron el consumo interno se quedó con menos carne y su promedio fue de 45 kilos anuales per cápita, lo que significa una caída de 15% respecto de los 53 kilos de enero del año pasado cuando las exportaciones habían caído fuerte a raíz de los problema de competitividad industriales.
En cuanto a las exportaciones, Roca se mostró sorprendido por el anuncio reciente vinculado a Estados Unidos. Según explicó, el cupo adicional no estaría orientado a cortes premium, como muchos esperaban, sino a recortes magros para industria. “No es como esperábamos; están buscando carne magra para mezclar con su producción grasa y fabricar hamburguesas”, describió, dejando en claro que el impacto podría ser distinto al imaginado inicialmente.
Sobre China, en cambio, fue contundente. Logros exporta a ese destino desde hace más de una década y lo considera estratégico. “La demanda es firme, los clientes son serios y hoy es un destino fundamental dentro de nuestros negocios”, aseguró. Para Roca, la creciente incorporación de proteína roja en la dieta china sostiene las perspectivas comerciales y seguirá siendo un pilar para la industria argentina.
En ese marco, el empresario llamó a fortalecer la integración de toda la cadena. “La cuota es de Argentina; productores e industria tienen que trabajar juntos. El frigorífico es quien garantiza la inocuidad frente al importador y eso hay que entenderlo”, afirmó. Y reforzó la idea con una frase que resume su mirada sectorial: “Acá no se salva uno solo; nos salvamos todos juntos”.

Entre las medidas que considera necesarias, mencionó la eliminación de las retenciones del 5% a la exportación de carne de novillo y políticas activas para aumentar el rodeo, mejorar los índices de destete y producir más kilos por animal. También advirtió sobre el peso de los costos industriales, especialmente energía y salarios, y el riesgo de que la menor oferta de hacienda genere mayores tensiones en el negocio frigorífico.
Hacia el final, Roca contó cómo Logros viene trabajando puertas adentro para fortalecer su propia base productiva. Hace unos cinco años la empresa inició un proyecto de agricultura bajo riego vinculado directamente al feedlot que abastece al frigorífico. “La idea es mejorar producción y ser más eficientes en una zona donde tenemos mucha agua abajo”, explicó. Tras estudios hidrogeológicos, implementaron riego por goteo subterráneo, tecnología que conoció en Israel. “Le estoy poniendo el agua en la raíz, donde la toma la planta; esto es eficiencia pura”, resumió.
Hoy cuentan con unas 120 hectáreas bajo riego dentro de un esquema que integra agricultura y ganadería, con alrededor de 8.000 cabezas en encierre. El salto productivo fue notorio: de 20 a 22 toneladas de materia verde por hectárea en secano pasaron a entre 55 y 60 toneladas de maíz picado, complementadas con sorgo, avena y vicia.
“El cambio en la producción de fibra fue enorme; pasamos de cosechar 20 a casi 90 toneladas anuales entre los distintos cultivos, y la inversión se paga en un año”, aseguró Roca.

Además, la firma avanzó en la medición de la huella de carbono del ciclo de vida de la carne junto a INTA e INTI, convirtiéndose en la primera planta del país en hacerlo. “El desafío vino porque clientes europeos nos pedían acciones concretas en materia ambiental. Querían saber qué estábamos haciendo”, contó.
Los resultados arrojaron emisiones menores a las referencias internacionales. Y recordó una frase de un auditor chino que lo marcó: “Si usted cuida el agua del efluente, ¿cómo no va a cuidar la carne?”. Para Roca, la discusión ambiental exige una mirada integral y una visión de largo plazo que combine tecnología, eficiencia e integración para aprovechar todo el potencial ganadero argentino.
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