Saturnino Antinao nació en Cushamen, una comuna rural que se encuentra ubicada en la provincia de Chubut, específicamente en la zona denominada como la meseta central. Sobre esa misma geografía, comparte vecindad con otras localidades y parajes como El Maitén, Gan Gan, Gastre, Lagunita Salada y Paso de Indios.
Se trata de un ámbito de productores de pequeña escala, donde familias como la de Saturnino se dedican a la cría de ovejas y chivas para sustento familiar.
Distante a unos 70 kilómetros de Cholila, donde ocurrió el incendio mayor en los meses de verano, su tierra lo mantuvo activo y cercano a espacios de decisión, de participación comunitaria y al servicio de los demás, cuando la necesidad acechaba. Quizás un entrenamiento que heredó de una familia numerosa de 8 hijos.

De niño tuvo la oportunidad de estudiar en la localidad de Sarmiento, y de allí volvió convertido en técnico agropecuario. Con el tiempo se hizo también pequeño productor en Cushamen, y allí forjó su labor solidaria tras los devastadores incendios forestales que en la provincia de Chubut, desafían a los habitantes con frecuencia.
Junto a su hija y diversos colaboradores, organizó una red de asistencia “de productor a productor” para recolectar y distribuir cientos de fardos de forraje destinados a alimentar el ganado de las familias más afectadas en el incendio de Cholila.
Está convencido de que la autogestión comunitaria y la cooperación entre municipios y cooperativas-como pasó en este caso con la meseta- son la clave para suplir la falta de pastura natural, ahora convertida en cenizas.

Además de la ayuda material, Saturnino destaca la importancia del acompañamiento emocional y el compromiso de los pobladores rurales por permanecer en sus tierras a pesar de las pérdidas. Habiendo concluido la primera etapa de recolección y distribución, ya planea junto a otros productores una segunda campaña solidaria.
Lleva 14 años trabajando para la Unidad Ejecutora Provincial de Agricultura en la zona de la meseta, colaborando “con comunidades aborígenes en localidades como Lagunita Salada, Gastre y Gan Gán para organizar la venta de su producción y mejorar su calidad de vida a través de proyectos como invernaderos”, como detalla.
Saturnino combina su rol como funcionario con el de pequeño productor, ya que su familia mantiene unas 110 ovejas y 40 chivas para sustento familiar.

Todas sus herramientas se pusieron en juego cuando inició en la zona la emergencia por incendios y bastaron las lágrimas de su hija para salir de nuevo a ponerle el cuerpo a la situación.
El incendio en la zona de Cholila afectó de manera significativa a la escuela agrotécnica a la que asiste la joven de 17 años, ya que el edificio fue rodeado por el fuego.
Esta situación tuvo un fuerte impacto emocional en Zaira quien cursa sexto año allí. Saturnino cuenta que “ella sufría y lloraba mucho al ver lo que estaba ocurriendo con su escuela y sus amigos”. Fue precisamente este sentimiento de angustia lo que los impulsó a ambos a movilizarse para ayudar a los productores locales que también estaban siendo afectados por el avance de las llamas

“La campaña solidaria comienza con el incendio del 4 de enero en El Hoyo”, repasa Saturnino, que también es bombero voluntario. En esa fecha se presentó junto a su hija Zaira, para colaborar en tareas de cocina y logística para los brigadistas. “La situación se agravó cuando el fuego llegó a Cholila, rodeando la escuela agrotécnica donde estudia mi hija, lo que nos impulsó a buscar una forma de ayudar directamente a los productores afectados”, agrega.
En ese contexto, Saturnino y Zaira pensaron una acción de ayuda mediante la Campaña “La Meseta uniendo la Cordillera” para la que comenzaron a realizar encuestas con el fin de evaluar las pérdidas. El incendio fue voraz y a Saturnino lo desesperaba que “los productores estaban combatiendo el fuego y no podían salir a buscar ayuda”.
Con el aval de 11 productores de parajes como El Blanco y Villa Lago Rivadavia, se activó la colecta de forraje (fardos), ya que las pasturas se habían convertido en ceniza y los animales necesitarían suplementación por unos 11 meses.

La campaña logró reunir 600 fardos mediante el aporte de diversas comunidades. Fueron 180 fardos donados por pequeños productores locales de Cushamen, 60 provenientes de Gualjaina, 200 de Paso de Indios, con el apoyo de la cooperativa local; y 160 fardos más de Los Altares y Gaiman, incluyendo una donación particular de 100 fardos.
“El municipio de Los Altares completó la carga del camión y se trasladaron los insumos a Cholila, recorriendo casi 500 kilómetros. La ayuda se destinó a 13 pequeños productores, entregando aproximadamente 46 fardos a cada uno”, señala Saturnino.
La logística incluyó la recaudación de fondos para combustible y el préstamo de un camión por parte del intendente de El Hoyo. Saturnino destaca que “la gente prefería donar de forma directa para asegurar que el forraje llegara a quienes lo necesitaban sin intermediarios gubernamentales”.

La situación actual es preocupante. “Existe una gran angustia entre los productores de Cholila debido a la falta de pastura y la imposibilidad de alquilar otros campos. A pesar de haber perdido casi todo el capital de su vida, los pobladores mantienen un fuerte arraigo y desean permanecer en sus tierras”, asegura Antinao.
La decisión no es fácil y poner en producción tierras incendiadas lleva un largo proceso de remediación que deberán sortear. “La recuperación de la capacidad productiva no es un proceso rápido. Es necesario resembrar y esperar a que el bosque y el ecosistema se recuperen y eso lleva tiempo”, asegura.
Mientras tanto, los productores continúan ayudando y dándose fuerza. Saturnino anuncia que ya han programado una segunda cadena solidaria para el 20 de marzo, con el objetivo de asistir a productores de El Maitén y El Hoyo que aún no han recibido ayuda.

En esta cruzada, la hija de Saturnino desempeñó un rol fundamental como “secretaria”, encargándose de anotar minuciosamente la cantidad de fardos recolectados en cada reunión y de organizar la información necesaria para la distribución. Esta red de colaboración permitió que, a pesar de las dificultades económicas y las distancias de la meseta, el forraje llegara de forma efectiva a quienes lo necesitaban tras perder sus pasturas por el fuego.
La logística final contó con tres camiones y un esfuerzo personal que excedió lo institucional. El intendente de El Hoyo colaboró facilitando un camión para realizar el reparto en Cholila, pero el compromiso fue cara a cara: “Es de destacar que el intendente de Los Altares y el presidente de la cooperativa ‘Vuelta al Campo’ de Paso de Indios manejaron ellos mismos los camiones para realizar la entrega”, remarca Saturnino.
Ante una ayuda estatal que a menudo resulta insuficiente o burocrática, la vida productiva logra sostenerse gracias a la cooperación directa entre pares. La supervivencia de estas comunidades depende de redes solidarias que permiten que el forraje llegue “de productor a productor”, asegurando que quienes lo perdieron todo puedan seguir poniéndole el cuerpo al campo.
Esta realidad subraya que el incendio no termina cuando se apagan las llamas, sino que marca el inicio de una lucha prolongada por reconstruir la identidad y el sustento de familias enteras que se niegan a ser desplazadas por el fuego.
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