“No nos interesa exportar a costa del hambre del pueblo”. Aquella frase, dicha por Néstor Kirchner en un acto realizado en Avellaneda el 9 de marzo de 2006, marcó el inicio de una política que implicaría un duro golpe para el sector agropecuario.

Hoy se cumplen 20 años del cierre de las exportaciones de carne vacuna, una medida que duraría inicialmente por 180 días (pero que luego tomó otras formas y se prolongó en el tiempo), cuyo objetivo era estabilizar el mercado local de ese alimento. La intervención oficial sobre las exportaciones de carne terminó por extender su alcance hasta el año 2015, afectando duramente al desarrollo ganadero argentino. En una segunda etapa también dañina, durante el gobierno de Alberto Fernández, el cepo exportador retornó en 2021 y se prolongó hacia fines de 2023.

Pero la anécdota que muchos recuerdan es otra, y su escenario fue la última edición de Feriagro, en Santa Fe. En ese evento –que terminaría dándole vida a Expoagro, la muestra agroindustrial más importante de la región, que esta semana celebrará sus dos décadas-, la entonces ministra de Economía, Felisa Miceli, lanzó un comentario a la prensa que le terminaría saliendo muy caro.

“No es para tanto”, dijo en los pasillos de aquella muestra, al ser consultada por los periodistas agropecuarios en relación a los rumores que crecían de una prohibición de exportaciones. Horas más tarde, la funcionaria, acompañada por el ex secretario de Agricultura, Miguel Campos, regresaría a Buenos Aires para confirmar, desde Casa Rosada, que los trascendidos eran ciertos.

Ya en 2005, Roberto Lavagna, en su paso por la cartera económica, había implementado una serie de medidas previas: reinstauró los “precios de referencia”, limitó el peso de faena, eliminó los reintegros a los frigoríficos exportadores, y en diciembre impuso retenciones del 5% a la exportación de carne, que luego subirían hasta 15%.

En este contexto, la primera señal de quiebre entre el kirchnerismo y los productores agropecuarios llegó en enero de 2006, cuando las principales entidades del agro no aceptaron renovar el acuerdo de precios impulsado por el gobierno. En lo que iba del año, el novillo -principal producto de referencia- acumulaba una suba del 26%. Las exportaciones de carne en 2005, por otro lado, habían batido récords.

El detonante, según recuerda una nota del periodista Franco Varise, en La Nación, se dio el 9 de marzo, cuando la cotización del novillo alcanzó los 2,94 pesos por kilo vivo, el nivel más alto del año en el Mercado de Hacienda de Liniers.

“Con un ingreso de 9.574 cabezas, la cotización se disparó, de un día para el otro, un 7,63%, que se sumó al incremento acumulado del 10% desde el lunes anterior”, detalló el periodista.

Frente a esas cifras, los representantes de las asociaciones de carnicerías advirtieron que la suba se trasladaría a los cortes al consumidor, entre un 8% y 10%. Aquella corrida de valores encendió las alarmas de Economía y Agricultura.

Un logro del kirchnerismo: El gremialismo agropecuario está más unido que nunca para hacer frente a la intervención del mercado cárnico

El episodio en Feriagro es recordado quizás por su ironía. Mientras Campos y Miceli daban señales de tranquilidad al sector, al punto de que los asesores de la titular de Economía trabajaban en un plan para incentivar las exportaciones, horas más tarde –según recordó uno de sus antiguos asistentes- un llamado de Néstor la obligó a comunicar lo que resultaría ser un bombazo.

Mientras que en 2005 las exportaciones de carne argentina alcanzaron las 770.000 toneladas por un valor de 1.390 millones de dólares, tras la prohibición solo quedaron en pie los envíos de la Cuota Hilton -un contingente de 28.000 toneladas de cortes de alta calidad con destino a la Unión Europea- y las ventas comprometidas en los convenios de país a país, como el caso de Venezuela.

A eso, el gobierno sumó el aumento de los derechos de exportación para las carnes con hueso y procesadas del 5% al 15%.

Obligada a desmentirse, Miceli aseguró que la medida facilitaría el equilibrio de precio y estimó que el mercado interno recibiría cerca de 600 mil toneladas de carne. Pronto dejaría el gobierno. Se fue procesada por el hallazgo en su despacho de una bolsa con 100 mil pesos y 30 mil dólares.

Lo mismo sucedería con el agrónomo Miguel Campos en Agricultura. Aparecería entonces un kirchnerismo más crudo, con el santacruceño Javier de Urquiza como nuevo secretario del área, y con la aparición de una figura clave en todo esta entramado de prohibiciones, Guillermo Moreno, quien fuera nombrado a los pocos meses como secretario de Comercio.

Esta película ya la vimos: Uno apretó con cerrar exportaciones, el otro lo desmintió, y al final todos terminaron negociando algo que no le servirá a nadie

Sin embargo, la buenaventura nunca llegó. El stock ganadero cayó un 20% entre 2006 y 2011, y nunca se volvió a recuperar la cifra de 61 millones de cabezas previo al 2006; las exportaciones cayeron de 771.000 toneladas a 151.000 entre 2007 y 2015; se produjo el cierre temporal de 125 frigoríficos (muchos después lograron reabrir) y la pérdida de 12 mil puestos de trabajo; el precio del ganado subió cerca de 300% entre 2009 y 2011; el consumo per cápita pasó de 62 kilos a fines de 2005 a 55,5 kilos promedio en 2011; y la merma de divisas, según dio cuenta la UCA, fue de 10.000 millones de dólares a partir de 2006.

Luego, un 11 de marzo pero dos años más tarde, en 2008, el gobierno anunciaría las retenciones móviles mediante la famosa Resolución 125. Pero aquella es otra historia.

Fotos: La Nación, A24

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